ELVIS, EL MUNDO DEL ESPECTÁCULO Y EL SINCRETISMO MUSICAL

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Toluca, Estado de México, 07 de septiembre de 2022.-

Las Biopics sobre las grandes estrellas de la música están de vuelta tras el arrollador éxito de Bohemian Rapsody (Bryan Singer, Dexter Fletcher, 2018). Esos eventos cinematográficos, le vienen bien en particular a las nuevas generaciones que descubren los grandes talentos del pasado. De esa forma, por ejemplo, llegó a mí, Yvan Montecino, la banda, The Doors, cuando el legendario director, Oliver Stone, decidió lanzar en 1991 su visión de esa mítica banda con Val Kilmer a la cabeza, de pronto millones de adolescentes bailaban de nuevo al compás del Roadhouse Blues.

Desde el inicio de su carrera, el director australiano, Baz Luhrmann, ha llevado la música como eje rector de sus espectaculares films. Logrando la fama gracias a una muy atrevida adaptación de la eterna tragedia amorosa de Romeo y Julieta, con Leonardo Di Caprio a la cabeza filmada en locaciones de nuestro país, transformo una novela clásica en un drama hiperviolento traído a un mundo casi apocalíptico en donde el amor encuentra las grietas para coexistir.

Ese mismo estilo, permeo en otras de sus cintas más famosas: Moulin Rouge (2001) y El gran Gatsby (2013), la extravagancia visual y una narrativa ligada a temas musicales frenéticos que le han generado lo mismo fanáticos enardecidos que críticos que sienten que su cabeza da vueltas en la sala de cine.

Ahora, después de casi 10 años sin un estreno, ha elegido la mítica figura del Elvis Aaron Presley, el rey del rock, para arrojarnos a un viaje de proporciones épicas.

Un filme cuya voz narradora recae en el polémico manager del cantante y su truculenta carrera tras bambalinas manejando los hilos de un hombre que revolucionó al mundo con su música

Y es ahí, precisamente donde podemos encontrar el punto más profundo de la historia que Baz lleva a la pantalla.

El montaje con el que prácticamente arranca el filme, logra comunicar por medio de la música y una impresionante edición, el momento en el que el rock ha logrado traspasar la puerta.

¡Es un chico blanco que canta canciones de afroamericanos!

Con una reinterpretación de su clásico primer éxito: That’s All Right» (That’s alright lit. “Eso está bien”) escrito por el cantante de blues, Arthur Crudup Baz, nos lleva a la niñez de Elvis y el encuentro fortuito al vivir en un ghetto de Tupelo, Misisipi con la música negra, el blues, el góspel y sí, el despertar sexual de toda una generación.

Con ese desaforado virtuosismo visual y sonoro propio de las películas de Luhrmann, nos receta ese religioso momento en el que Elvis logra fusionar en su interior los dos colores de la música de donde nace el rock and roll.

Chicos de color que compran discos de Elvis y chicos blancos que comienzan a consumir música de los más grandes representantes de ese movimiento que apenas comenzaba a tomar forma, vemos entonces en pantalla a B.B King, Little Richard, Sister Roseta, entre otros pilares del blues, gospel y rythm and blues, figuras de donde abreva Elvis para crear su propio mito.

De la misma forma, en la primera presentación de Elvis al público, el director logra llevarnos a ese primigenio grito del rock, en medio de un público extrañado al ver a un flacucho muchacho con ropas extravagantes; de pronto surge el deseo, la necesidad de libertad, esa oscura busqueda de alcanzar lo prohibido. EL rock y el sexo se encuentran, tal como la música afroamericana ha logrado traer los sonidos nacidos desde la jungla africana hasta los campos norteamericanos. Todo se fusiona para dar paso a una nueva era. Es ahí en esos pequeños detalles donde se construye una cinta fundamental para entender el nacimiento del rock.

Hemos visto decenas de películas y series biográficas de Elvis; sin embargo, en la obra del director australiano, encontramos mejor que nunca un lenguaje que comunica efectivamente el valor del cantante para la música y el espectáculo. Mención aparte merece, Austin Butler, quien no solo personifica al rey del rock, sino que también interpreta sus canciones.

Esperemos que nuevas generaciones revaloren al rey, más allá de los chismes baratos de tabloides rosas…como su Cadillac.