CONSUMO DE PUROS Y EL MARIDAJE CON DESTILADOS Y FERMENTADOS

El proceso de elaboración de un buen cigarro puro, resulta largo y delicado.

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Toluca, Estado de México; 19 de enero de 2021.-

Ya sea en la mañana, en la tarde o por la noche, el placer de fumar un buen Habano es una ceremonia muy particular de cada aficionado. A veces, algunos prefieren disfrutar de este momento acompañados únicamente por la incomparable gama de sabores y aromas del Habano. En otras ocasiones pueden gustar de compartir su disfrute junto con otros productos, que al combinarlos con el Habano, enriquecen y aportan nuevas sensaciones y sabores en sus papilas gustativas.

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El proceso de elaboración de un buen cigarro puro, resulta largo y delicado, desde la plantación hasta el control de calidad, empaquetado, anillado, distribución y almacenamiento en un entorno adecuado de temperatura y humedad, pasando por la elección de las hojas para las distintas partes del cigarro y del propio torcido, llevadas a buen término por personal altamente cualificado, para que finalmente alguien que sepa apreciarlo disfrute fumando y deleitando de ese producto final, que no es otro que un excelente puro habano.

Decía el gran José Navarro, maestro ronero de La Habana, que lo primero que debe tomarse en cuenta al armonizar tabaco es la fortaleza del cigarro puro, determinada por el equilibrio entre tipos y orígenes de las hojas que lo componen.

Los complejos aromas y sabores de un habano, por ejemplo, se hallan en las capas que integran su tripa: “volado”, hoja de tabaco con la menor fortaleza y valorada por su combustibilidad; “seco”, hoja de fortaleza media, la más importante en términos de aromas; “ligero”, hoja de gran fortaleza y fuente principal del sabor, y “medio tiempo”, hoja de mayor fortaleza, proveniente de las capas superiores de la planta de tabaco.

Maridaje con destilados y fermentados

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Los puros con fortaleza alta (ligero, seco y volado) acompañan a destilados robustos, con buen nivel de alcohol y franqueza en aromas. Los puros con fortaleza media (seco y volado) son mucho más versátiles y pueden abrazar tanto a espirituosos jóvenes como a alcoholes de gran complejidad. ¿Los de fortaleza baja (volado)?, suelen ser demasiado invasivos con los delicados matices de sus contrapartes líquidas. ¡Evítelos!

En segundo lugar, hay que preguntarse si se desea un maridaje de contraste o uno de armonía, que potencie los aromas de ambos productos. También es importante considerar el gusto personal; para un bebedor de cognac resultará poco atractivo un maridaje con destilados jóvenes, alcoholes con notas herbales o ahumados excesivos.

¿Combinaciones infalibles?

Los habanos, con denominación de origen y elaborados con tabaco cultivado y manufacturado en Cuba, destacan por su intensidad aromática, sabores suaves a fuertes, y colores claro, colorado o maduro. Típicamente, encuentran armonía con rones añejos o viejos, así como con tequilas añejos o extra añejos.

De tabaco oscuro, robustos y con gran carácter, los puros de Nicaragua son ideales para maridar destilados de uva con paso por barrica, particularmente coñac, armañac y soleras reserva y gran reserva. En esta unión, los descriptores van de los matices florales y frutales, a sabores especiados, dulces, cremosos e incluso terrosos.

Si apuntamos a República Dominicana, es necesario destacar dos variedades: los de tabaco olor dominicano, mucho más suaves, y los de tabaco piloto cubano y San Vicente, más corpulentos. Fuera de su intensidad gustativa, los puros dominicanos se caracterizan por sus dominantes perfiles especiados y potentes aromas, que los hacen parejas perfectas de mezcales, single malts y bourbon whiskeys.

¿Mexicanos?

Generalmente se elaboran con tabaco San Andrés, piloto cubano y connecticut, variedades que les imprimen aromas bruscos, con notas de establo y tierra. Los mejores ejemplares desarrollan tonos de madera, gran fortaleza y cuerpo, que combinan idealmente con mezcales blancos, aguardientes sin barrica, cafés de especialidad e incluso bebidas a base de chocolate amargo.

Los fermentados de uva también son capaces de armonizar con distintas variedades de cigarros puros. Contrario a lo que se piensa comúnmente los fermentados de uva también son capaces de armonizar con distintas variedades de cigarros puros. Si bien blancos y rosados son poco aptos, tintos tranquilos, vinos fortificados y dulces ofrecen todo un universo de aromas, sabores y texturas cuando de maridar tabacos se trata.

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Los puros de fortaleza media (torcidos a partir de capas “seco”, hoja de fortaleza media y la más importante en términos de aromas, y “volado”, hoja de tabaco con la menor fortaleza y valorada por su combustibilidad), muy suaves en boca, son ideales para acompañar tintos potentes en nariz. Fermentados de uva con aromas delicados y gusto tímido, por el contrario, potencializan su acidez y taninos con tabacos de mayor fortaleza (torcidos a partir de capas “seco”, “volado” y “ligero”, hoja de gran fortaleza, de quema lenta y fuente principal del sabor).

Tintos varietales de Syrah o Malbec del Nuevo Mundo, con explosivos tonos de frutos negros, bayas silvestres y especias cálidas, combinan bien con habanos de fortaleza media a alta. Por el contrario, los tabacos de fortaleza media a baja, intensos pero que no saturan, son recomendables con caldos de Cabernet Sauvignon e incluso algunos ensambles que reúnen frescura, taninos amables, alcohol moderado y persistencia media.

Con información de: El Universal