MÉXICO, PRIMER LUGAR EN VENTA DE LIBROS PIRATA

Expertos de la industria editorial debatieron sobre el mercado informal de libros impresos y digitales.

Foto Pixabay

Ciudad de México; 22 de febrero de 2021.-

Al participar en la mesa redonda virtual “Piratería editorial”, que forma parte de las actividades de la XLII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, expertos de la industria editorial coincidieron en que la piratería editorial atenta contra la cultura nacional.

Quetzalli de la Concha, gerente Legal y de Derechos de Autor del grupo editorial Penguin Random House, destacó que cuatro de cada diez libros que se consumen en el país son pirata, lo cual coloca a México en el primer lugar en venta de piratería de libro impreso.

Se trata de un fenómeno, tolerado por el público y por las autoridades, que ha ido creciendo exponencialmente.

Hace 15 años, dos de cada diez obras eran pirata; ahora ya son cuatro. Y eso tiene como consecuencia que el dinero por las ventas llegue a la delincuencia organizada, y los autores, editores y casas editoriales que dan trabajo a más de 400 mil familias no reciben la remuneración que les corresponde.

De la Concha recalcó que esta situación también afecta al público lector, porque destruye lentamente a la industria editorial y al mercado legal de literatura en el país.

En este campo existen dos tipos de piratería: la industrial, es decir, de libros impresos que se encuentran en el mercado informal; así como versiones digitales ilegales en sitios pirata de internet.

En el primer caso, redes de la delincuencia organizada hacen tirajes de 20 mil o 30 mil ejemplares, y con ello lavan dinero de otras actividades que llevan a cabo, ya sea tráfico de drogas, armas o personas, así como piratería de medicamentos, tabaco o alcohol.

Durante la charla, los partícipes de la industria editorial hicieron énfasis: los libros que se ofertan en la vía pública o en los tianguis son pirata.

El público lector debe tener claro que no hay ninguna editorial que distribuya al mercado informal, y “para asegurar que no estamos comprando piratería hay que asistir a liberarías formalmente establecidas”, refirió Quetzalli de la Concha.

Los textos piratas pueden estar mal pegados, faltarles un capítulo, algunas páginas o estar encuadernados al revés, porque al delincuente le tiene sin cuidado la calidad de los ejemplares que vende, aunque de manera superficial parecen originales para engañar al comprador; y tampoco son tan baratos, a lo sumo 20 por ciento menos que un original, explicó De la Concha.

“Poner nuestro dinero ahí, es un suicidio colectivo”, calificó la expresidenta del Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos de Autor.

La parte digital también es preocupante. Hay sitios de internet donde los usuarios pueden bajar libros “gratuitos”, cuando en realidad el objetivo es obtener información de sus datos personales y lucrar con ellos, o donde pueden ser víctimas de un hackeo en sus computadoras, junto con las cuentas bancarias, fotografías y el resto de la información que contenga el dispositivo.

Según datos del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, el consumo de contenidos ilegales en la red alcanza el 48 por ciento. En 2020, con la pandemia, la lectura en pantalla creció 40 por ciento y la facturación de libros digitales sólo dos por ciento. Esto habla de la diferencia abismal entre el consumo legal e ilegal de los libros. 

Por ello, hizo un llamado a adquirir de manera legal los libros en cualquiera de sus formatos, y así proteger a los autores, se trata de “oxígeno intelectual y cultural para nuestro país y nuestra sociedad”.

Con información de UNAM.