PARTÍCULAS DE POLVO SUSPENDIDAS EN EL AIRE AGRAVAN LA EVOLUCIÓN DEL COVID-19

(Foto: Soulful Pizza)

Maguncia, Alemania; 11 de diciembre de 2020.-

El que el coronavirus SARS-CoV-2, que provoca la enfermedad conocida como COVID-19, pueda provocar la muerte incluso en pacientes sin enfermedades previas estaría relacionado a la contaminación por partículas finas presentes en el área.

Así lo estiman científicos de Alemania, quienes analizaron la influencia que presenta la calidad del aire con esta enfermedad, recordando que el aire contaminado con partículas finas de polvo debilita el sistema inmunológico y ataca los pulmones. Por ello, desde que la pandemia de coronavirus se extendió por primera vez en Wuhan, China, y luego en partes del norte de Italia, los científicos observaron la contaminación de partículas de polvo en suspensión en esas regiones.

Wuhan es una metrópoli de millones de habitantes, con una gran industria de carbón y acero, plantas químicas y enormes fábricas de papel. La contaminación del aire es, en consecuencia, alta y es la ciudad en la que el virus inició su propagación, así como el registro desmesurado de casos graves al inicio de la epidemia.  En el caso de Lombardía, al norte de Italia, también se convirtió en epicentro de la propagación del virus en primavera de 2020; en esta región, casi la mitad de todas las víctimas italianas de COVID-19 que murieron se establecían allí.

Siendo así, la investigación publicada en la revista “Cardiovascular Research” revela que la alta tasa de mortalidad tiene correlación con los altos niveles de contaminación del aire en estas regiones, causada por la industria o la agricultura. Con ello, los científicos han calculado que, en promedio, el 15 por ciento de las muertes globales por COVID-19 puede atribuirse a personas que respiran aire contaminado durante un período prolongado, advirtiendo que esta cifra varía mucho de una región a otra: en Europa, las estimaciones son del 19 por ciento, en Asia oriental el 27, en Estados Unidos el 17, en Brasil el 12 y en Nueva Zelanda, solo el 1 por ciento.

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La explicación de esto es que la contaminación del aire y el coronavirus son una combinación peligrosa para los vasos sanguíneos y el corazón, detalla Thomas Münzel, profesor universitario y cardiólogo de Maguncia, apuntando que el problema de los altos niveles de partículas de polvo en suspensión, es que las más pequeñas provocan inflamación en los pulmones; “Se ha descubierto que la infección por COVID-19 afecta principalmente a la capa interna de los vasos sanguíneos, la llamada capa endotelial”, apunta el coautor del estudio, recordando que es precisamente esta capa endotelial la que también se ve atacada por el polvo fino. Una vez que daña los pulmones, estos difícilmente pueden defenderse contra el SARS-CoV-2.

*Con información de: DW