VIDEO: ELLA ES ‘CINDY SIN DIENTES’, LA ABUELITA QUE RAPEA EN EL TRANSPORTE PÚBLICO

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El apodo de Marlene Alfonso, Cindy sin dientes, se debe a que, efectivamente, no tiene la mayoría de sus dientes.

Colombia, 11 de noviembre de 2020. – Sin duda la edad no tiene límite para tener flow y buena onda, pues aunque sea difícil de creer, nuestros abuelitos y abuelitas pueden tener igual o más energía que los jóvenes y ser tan cool como cualquier de nuestros artistas favoritos.

Seguramente en tu lugar de origen o a través de redes sociales haz visto a alguna persona de la tercera edad rockeando sin problemas; en esta ocasión te contaremos la historia de Cindy sin dientes, nombre artístico de una abuelita venezolana que se ha convertido en una sensación musical en el transporte público de Colombia.

Yo superarme deseo, si no tienes un peso dame un beso que me enderece el pescuezo”, rapa la mujer de 69 años mientras va con su altavoz portátil en el Transmilenio, el sistema de autobuses públicos de Bogotá.

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El apodo de Marlene Alfonso, Cindy sin dientes, se debe a que, efectivamente, no tiene la mayoría de sus dientes y no puede pagarse una dentadura postiza.

Alfonso es una de decenas de inmigrantes venezolanos que se ganan la vida a diario en el transporte público capitalino, vendiendo productos como bolígrafos o actuando a cambio de unas monedas.

Su edad, sus letras graciosas y su atuendo inusual, han sido de gran ayuda para destacarse, pues se ha convertido en una inspiración para un grupo de inmigrantes que en su mayoría ha sido bienvenido en Colombia, pero que también ha sufrido recientemente de discriminación y ataque xenofóbicos.

Antes de llegar a Bogotá, Cindy sin dientes ya cantaba por propinas en su ciudad, Carcas; principalmente en vagones del metro, donde sus precauciones le valieron una invitación a un programa de televisión.

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Sin embargo, hace dos años se mudó a Colombia porque en el metro de Venezuela ya no le alcanzaba para vivir. En un entrevista para AP, señaló que puede ganar hasta ocho dólares al día en propinas en el Transmilenio.

Yo quiero transmitirle a las personas que no se sientan derrotadas… El corazón no tiene arrugas, yo tengo 69 años y me siento durita. Todavía le queda jugo a esta naranja”, dijo.

Cabe señalar, que Alfonso sufre de glaucoma y no puede ver por su ojo izquierdo; sin embargo, su el nivel de su economía no le permite asistir con un especialista, por lo que anda con un bastón para caerse.

Aunque esto no es un impedimento para realizar su rutina en la que invita a la gente a reís porque “el humor es gratis”.

Con información de: Sopitas / Milenio