PAPEL PICADO, SU ORIGEN DENTRO DE LAS OFRENDAS DEL DÍA DE MUERTOS.

(Foto: Héctor Montaño, INAH).

Toluca, Estado de México; 30 de octubre de 2020.- Veladoras, comida, bebidas, el olor a copal y las fotografías de un ser querido, no estarían completos en un altar del Día de los Muertos sin el tradicional papel picado; sin embargo, éste no siempre estuvo presente en las ofrendas mexicanas, dado que tuvo su origen en China.

Cómo sabemos, las ofrendas prehispánicas estaban creadas para poder ofrecerles a los difuntos frutas, alimentos, flores e incienso, esto con la finalidad de iluminar su alma, ya que, para las culturas prehispánicas, la verdadera vida de luz y eternidad estaba después de la existencia terrenal. Por ello, en muchas, solía colocarse la osamenta del difunto, rodeándolo de estos elementos tan importantes, incluso en algunas regiones, rodean el cuerpo de semillas para que germine, y así, alentar la fertilidad de las cosechas.

En este periodo, el papel tenía un uso que podría relacionarse, en Mesoamérica se utilizaban las cortezas del árbol de amate para crear un papel vegetal, el cual se ocupaba para la escritura de los códices, por lo que también era considerado una ofrenda para los dioses. Además, el amate era un árbol relacionado con el inframundo, pues se decía que éste conectaba al mundo de los vivos con el de los muertos.

Con la llegada de los españoles, el papel de amate dejó de utilizarse y su lugar lo ocupó el papel traído de China. A mediados del siglo XIX, se obligaba a los peones hacendarios a comprar los productos que sus patrones comerciaban; entre los cuales se encontraba el papel traído de las lejanas tierras asiáticas.

Foto: Merystef.

En el municipio de San Salvador Huixcolotla, Puebla, los trabajadores, además de dedicarse a las labores agrarias, utilizaban su poco tiempo libre para crear verdaderas obras de arte en este papel, las cuales comenzaron a vender en los poblados cercanos. Hoy en día, el papel picado forma parte del patrimonio cultural del estado de Puebla.

Para comienzos del siglo XX, el papel picado ya se vendía en Tlaxcala, posteriormente en la Ciudad de México y el resto del país, utilizándose principalmente para decorar las distintas fiestas mexicanas, entre ellas, el Día de la Independencia y el Día de Muertos. De igual manera, aún es común su uso en fiestas sociales y religiosas.

El papel picado llegó a las ofrendas como reemplazo de las decenas de flores, y demás elementos naturales, utilizados por los pueblos prehispánicos; con éste, se obtenía un elemento colorido de mayor duración, logrando incluso ganarse un puesto importante en los altares del Día de Muertos al obtener un significado: la representación del Aire, como elemento fundamental de las ofrendas.

Incluso, con el tiempo sus colores ganaron su propia connotación: Negro, este representa el Inframundo; naranja, respeto por los muertos (se cree es el único que pueden ver los difuntos); morado, hace referencia al luto, inculcado por la religión católica, al relacionarse con la Cuaresma; el blanco, destinado a los niños difuntos.

Por su parte, el color verde, simboliza a las personas que murieron a edad temprana; amarillo, destinado a la memoria de los adultos mayores. El azul, representa a quienes tuvieron una muerte relacionada con el agua; mientras que el rojo significa la sangre caída de los guerreros o aquellas mujeres que fallecieron durante el parto, decesos considerados equivalentes en México durante la época prehispánica.

(Foto: Anaramirezz).

¿De dónde salieron las figuras plasmadas en el papel?
La Catrina, una calavera, El Catrín, esqueletos, flores y animales, son elementos que suelen venir a nuestra mente cuando pensamos en un papel picado. Lo cierto es que éstos pueden variar de taller en taller, donde un diseño puede tardar hasta ocho días -usando una técnica tradicional- y en caso de querer realizar más de uno, previamente tiene que generarse un molde para poder perforarlo mediante el uso de un cincel.

Aunque se han agregado elementos propios de una cultura globalizada, como los fantasmas o las calabazas de linterna, la imagen más representativa del papel picado en nuestras fiestas continúa siendo La Catrina, personaje creado por el grabador, ilustrador y caricaturista aguascalentense, José Guadalupe Posada y bautizada por el muralista Diego Rivera.

La historia detrás de La Calavera Garbancera, su nombre original, viene del periodo del porfiriato, donde se popularizaron los textos escritos por la clase media, en los que criticaban tanto la situación general del país como la de las clases privilegiadas. Los catrines, eran calaveras vestidas con ropas de gala, montadas a caballo, en fiestas de la alta sociedad o de un barrio, creadas para retratar la miseria y los errores políticos que sufría la sociedad mexicana, especialmente los más pobres.

“Garbancera” es la palabra con la que se conocía entonces a las personas que vendían garbanza y que teniendo sangre indígena pretendían ser europeos, ya fueran españoles o franceses, renegando de su propia raza, herencia y cultura.

Esto se hace notable por el hecho de que la Catrina de Posada no tiene ropa sino únicamente el sombrero; en una crítica al hecho de que muchos mexicanos del pueblo que son pobres, pero que aun así quieren aparentar un estilo de vida europeo que no les corresponde.

*Con información de: Eleconomista.com.mx / Cocinafacil.com.mx / Holanews.com / Debate.com.mx

José Guadalupe Posada (1910).