ASÍ FUE EL ASCENSO DE “EL REBELDE DEL ACORDEÓN”.

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“¿Para qué voy a tocar lo mismo que todos tocan? Música es música”: Celso Piña

Toluca, Estado de México; 31 de agosto de 2020.- Este agosto, se cumplió un año de la lamentable muerte de Celso Piña, “El Rebelde del Acordeón”, el regiomontano que se atrevió a explorar y compartir un género musical atípico en el norte del país: la cumbia colombiana acompañada de un intrépido acordeón desde las áridas tierras de Monterrey.

Celso Piña Arvizu, nació en la capital del estado de Nuevo León, creció en un cerro de los suburbios de la ciudad de nombre La Campana. Sus padres, Isaac y María, tuvieron otros tres varones y cinco mujeres, eran una familia humilde. Celso, al ser el mayor de los hermanos, decidió empezar a trabajar desde los siete años, primero como ayudante de un comerciante de frutas, luego como repartidor de tortillas, fundidor de acero, molinero de maíz y tapicero.

“No puedo decir que desde niño me atraía la música porque no es cierto, lo que sí supe de inmediato, es que tenía oído para la música, pero como muchos que lo tienen, pude haber vivido toda la vida sin saberlo”, contaba Celso en una entrevista a un medio nacional.

Antes de formar la Ronda Bogotá, Celso Piña fue integrante de tres agrupaciones. La primera se llamaba Los Yarax, luego Arcaico y al final Sentimiento. Grupos musicales que se dedicaban a amenizar fiestas familiares y en las que el regio no podía explorar la música como él quería.

Poco después de cumplir 20 años, contra la voluntad de su mamá, Celso dejó el Hospital Infantil de Monterrey, donde trabajaba como intendente: había decidido dedicarse a la Ronda Bogotá, el grupo que fundó con sus hermanos: Quique en el bajo, Lalo en el güiro y, tiempo después, Rubén en la batería; ellos no tocaban.“Yo los hice músicos. Les enseñé lo que sabía y se la fletaron conmigo hasta el final”, confesaba Celso.

Celso se mantuvo firme en que la Ronda Bogotá solo tocaría cumbia colombiana. Su padre, quien también era intendente del Hospital Infantil, además se dedicaba a reciclar fierros y maderas para fabricarles a sus hijos los instrumentos que la agrupación necesitaba.

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Así, durante los ochenta sucedió lo impensable: la cumbia colombiana se bailaba en los barrios populares del norte. Incluso empezaron a surgir otros grupos que replicaron el estilo de la Ronda Bogotá como La Tropa Colombiana y Los Vallenatos de la Cumbia.

Y el éxito y la fama crecieron. La particular interpretación musical de Celso Piña y su Ronda Bogotá, también tuvo connotaciones eminentemente culturales al invocar aspectos de choque con el estereotipo de los bailes, la música y la expresión artística del norte de México.

Incluso, en la década de los noventa, el escritor Carlos Monsiváis, entrevistó a Celso para una crónica sobre la guerra de pandillas que prevalecía en la ciudad. Tras decirle que según sus investigaciones, las pandillas rivales de entonces solo detenían sus enfrentamientos cuando sonaba una de sus cumbias, el escritor bautizó a Celso como “el Acordeonista de Hamelín”.

Pero el punto de quiebre para que la figura de Celso Piña obtuviera un reconocido lugar como referente de la música colombiana en México, ocurrió la noche en que el premio Nobel Gabriel García Márquez, bailó al ritmo de su acordeón durante un evento de gala.

Celso Piña, trascendió las fronteras de los estilos musicales, los duetos (freestyle, decía Celso) se volvieron clave en el éxito musical del regio con artistas tan diversos como Café Tacvba, Gloria Trevi, Julieta Venegas, Cartel de Santa, Eugenia León, Álex Lora y Lila Downs.

“La cumbia, el folklore colombiano, una cumbia buena, es muy suave y es muy rica a la vez, muy sencilla, muy suave y muy rica. Muy sencilla porque lleva dos tonos nomás, y ahí te la llevas. Y muy rica porque lleva mucho ritmo, mucho tambor, sonajas, maracas. Y muy suave para bailar: La bailas bien suavecito”, dijo al referirse con pasión al estilo musical que interpretaba el fundador de la Ronda Bogotá.

Celso Piña, murió en agosto de 2019, a los 66 años, a causa de un infarto. La última ocasión en que “El Rebelde del Acordeón” se presentó en vivo fue el 4 de julio de ese año en Acapulco.

Con información de The New York Times y Milenio.

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