MI VECINA ERA LA MUERTE.

Regularmente los vecinos de una comunidad son amistosos entre sí, se cuidan y comparten inclusive fiestas y reuniones. Este era el caso de Sofía y Elena, quienes se habían convertido en amigas desde que ambas llegaron a vivir al mismo lugar.

Cierta noche, Elena recibió un regalo en la puerta de su casa, pensaba que alguien se habría equivocado y guardó el paquete pensando en que pronto alguien lo reclamaría, sin embargo eso nunca sucedió. Pasadas algunas semanas, Elena abrió finalmente el paquete para saber que contenía; se trataba de una figura de porcelana que presentaba una mujer de negro muy hermosa, pero cuya mirada era penetrante, pareciera casi que estaba viva y te podía mirar hasta el alma.

Amigos de Elena habían visitado la casa a menudo y todos quedaban encantados con la nueva figura que adornaba la sala, todos quedaban hipnotizados por su mirada. La única que no había visitado en algunos meses la casa, era Sofía, quien había estado lejos cuidando una tía en sus últimos días.

Cuando por fin regresó, Sofía visitaba por fin a su amiga después de tanto tiempo lejos; sin embargo, al entrar a la casa, Sofía comenzó a sentirse mal, no podía respirar bien, tenía un mareo incontrolable y los escalofríos la recorrían. Al sentarse en la sala mientras Elena buscaba una vaso de agua, Sofía miró la muñeca al centro de la mesa que la miraba con un rostro terrorífico, Sofía veía como la hermosa muñeca parecía despellejarse para revelar una figura de la muerte que la miraba condenándola; del impacto Sofía cayó desmayada.

Cuando la reanimaron, comenzó a gritar lo sucedido con la muñeca, pero la pieza continuaba intacta en la sala y pensaron que se trataban de alucinaciones relacionadas con su malestar físico. Sofía se fue a dormir a casa, pero únicamente soñaba con la aterradora figura de porcelana que le gritaba “Te va a matar, tu envidia te matará”.

Al siguiente día, Elena visitó a Sofía para saber si se encontraba mejor de salud; sin embargo, al verla, Elena sintió un enojo incontrolable a quien era su amiga. Tanta era su ira que no pudo cruzar más de dos palabras sin salir corriendo por el odio que su alma guardaba. Por la noche, Elena se levantó de su cama como ida, solo podía verse caminando hacía la casa de Sofía, pero su cuerpo seguía acostado. Al llegar donde Sofía, escuchó como esta la maldecía y le deseaba el mal; la detestaba por tener la vida que siempre soñó para ella y llamaba a Satán para que acabara con ella de una vez por todas.

Tras escuchar esto, Elena despertó en su cama, pero no se sentía igual, podía caminar, podía hablar, pero no sentía que fuera ella quien lo hacía. Tomó un cuchillo de su cocina, se dirigió a casa de Sofía y al encontrarla sin mediar palabra la acuchilló hasta la muerte, después de eso la enterró en un terreno cercano abandonado, pues los dueños habían fallecido sin dejar herederos, era seguro que jamás la encontrarían.

Cuando Elena volvió en sí, se encontraba en la sala de su casa y la hermosa muñeca la miraba; de repente solo escuchó en su mente “Yo soy la Muerte, habito en este ser para protegerte, tú eres mi ama y señora, quién intente lastimarte, perecerá en sus vanos intentos”. Ahora, Elena es poseída por la muerte cada noche y sale a cobrar las cuentas pendientes.