LA MUERTE.

Kevin, un hombre de mediana edad, iba de regreso a casa cuando tuvo un accidente en su auto. Después de caer por un barranco de mucha altura, el carro dio varias vueltas quedando totalmente destrozado; nadie podría haber sobrevivido, pero Kevin lo hizo.

Cuando el hombre despertó ya se encontraba en el hospital y la enfermera que lo atendía le explicó todo lo sucedido, dejándole en claro que se había salvado de milagro. Además, le dijo que antes de poder marcharse, era necesario que le realizaran una cirugía en una de sus piernas para poder caminar perfectamente.

El Señor Kevin sabía que debía haber muerto, debido a que era casi imposible que se salvará de ese accidente. Se sentía perturbado y muy nervioso, pues pensaba que la muerte lo iba a estar rondando y por ello le pedía a la enfermera que no lo dejara solo, ya que si lo hacía esta iría por él. No obstante, la enfermera trataba de tranquilizarlo, diciéndole que el doctor lo operaría al día siguiente, y con suerte podría ser dado de alta en cuanto saliera del quirófano.

La enfermera tenía más pacientes que atender, así que Kevin se quedaba solo en su habitación oscura por la penumbra de la noche que entraba por la ventana, solo se podían apreciar las sombras de las ramas de los árboles que eran movidas por el viento silbante de afuera; era el escenario perfecto para una noche de pesadilla y él la esperaba.

Kevin no podía dormir, pero cuando estaba a punto de conciliar el sueño, escuchó el sonido crujiente de la puerta abriéndose, giró su cuello con mucho dolor en dirección a la entrada, solo para ver cómo una pequeña que asomaba su cuerpecito en dirección hacia él, caminando lentamente y obsequiándole una tenue sonrisa. Esto lo hizo entrar en pánico temiendo lo peor, imaginaba que era la muerte que iba a reclamar su alma, así que rápidamente llamo a la enfermera, y la niña se fue corriendo.

Cuando la enfermera llego trató de calmar al hombre, quien no dejaba de sacudirse en la cama, pero que tampoco era capaz siquiera de contar lo que había pasado. Luego de un rato y con una pastilla, Kevin por fin se quedó dormido.

Al día siguiente, mientras pensaba en querer salir de allí lo más pronto posible, la risa de una niña se escuchó proveniente de afuera de su cuarto, y nuevamente la puerta comenzó a abrirse; él temblaba en su cama, pero fue un alivio ver que quien entraba era la enfermera con su desayuno. Ella le cuestiono el por qué de su temor y él le contesto que había una leyenda en la que si alguien escapaba de la muerte, esta regresaría por él presentándose disfrazada de cualquier persona. En este caso, él le comento de la niña a la que había visto la noche anterior.

La enfermera, sonriendo, bajo la mirada contrariada, y le dijo a Kevin:

-Señor, le pido una disculpa, esa niña es una paciente del hospital, lastimosamente se quemó el rostro en un accidente de cocina por descuido de la madre. Ya estamos por darle el alta, sin embargo, es difícil mantenerla quieta y se la pasa caminando y molestando a los otros pacientes. Mírela, aquí viene, se llama Ana.

Kevin estaba perplejo y apenado al haber pensado tan mal de aquella pobre niña, así que la dejo entrar, acercarse a él y acariciarlo un poco, la niña no hablaba nada, solo sonreía. El resto del día transcurrió sin problemas, pero siempre se mantenía pendiente de quién entraba en su habitación.

Al llegar la noche, Anita permanecía a su lado, sentada en un sillón en la esquina de la habitación. La enfermera entró para avisarle al señor que ya había llegado el doctor y subiría a verlo. Mientras el cirujano entraba en silencio, la niña lo miraba con temor y se iba alejando, Kevin se dio cuenta de los ojos llorosos que tenía la pequeña, así que miro al doctor a los ojos y vio que allí no había nada, más que cuencas vacías; su corazón palpitaba enfurecido y su única salvación que era Anita, salió corriendo del cuarto dejándolo totalmente sólo.

Él le gritaba para que no se fuera, pero fue inútil ya estaba sólo, la muerte colocó la mano en el estómago de Kevin, sus gritos se escucharon por todos los rincones del hospital, alertando a la enfermera, quien fue como un relámpago al cuarto. Al llegar, encontró a Anita en el suelo, llorando desconsolada y asustada, y en la cama estaba el cadáver de Kevin, con los ojos blancos, su rostro arrugado y de su estómago brotaban cientos de gusanos enormes comiendo desesperadamente su carne ya podrida. Del doctor no había rastro alguno, pero sin duda, pronto regresaría.

Con información de: miscuentosdeterror.com