LA CLÌNICA SAN RAFAEL.

A un costado de la avenida Insurgentes, en la Ciudad de México, se ubicaba la clínica psiquiátrica más temida de todas: la Clínica San Rafael.

Esta clínica fue construida en la segunda mitad de los años 40 por los religiosos de San Juan de Dios con la finalidad de dar atención a enfermos mentales, sin embargo, los métodos eran extremos.

No sólo los electrochoques fueron parte del tratamiento de los reclusos de San Rafael. El aislamiento, la incomunicación, la asfixia por dióxido de carbono, tormentos psicológicos constantes, con amenazas recurrentes por hacerles lobotomías quirúrgicas y por su conexión con la orden religiosa, algunos aseveran que, más que el tratamiento estandarizado para pacientes en crisis, se practicaban intensos exorcismos para sacar a los demonios que provocaban la locura.

Los lugares donde se recluía a personas no estables o diagnosticadas con alguna enfermedad mental, fueron un semillero de una locura diferente. Una locura más aterradora, sin límites, satánica, lista para dañar y hacer que los pacientes se "curaran" con remedios que consideraban infalibles para "volverlos a la vida", pero esos remedios solamente los dejaba el resto de sus vidas con un hilo de saliva que escurría por las comisuras de sus labios.

A la clínica llegaban personas saludables, después de estar algunos días internados, lucían distintos. Eran personas nuevas: personas que parecían vegetales con piel humana. Los religiosos, quienes pareciera, deberían hacer el bien, ignoraban lo que sucedía y formaban parte del entramado turbio del hospital.

Por más de 60 años, la clínica San Rafael funcionó como manicomio, y los rumores sobre lo que ocurría en su interior comenzaron a mermar su fama de "buen psiquiátrico", denunciada por maltrato y negligencia médica, en 2009, el lugar cerró sin ninguna explicación; los pacientes fueron enviados a otras clínicas y San Rafael fue demolida para construir un nuevo centro comercial. Algunos aseveran que fue destruida para que los murmullos de los crímenes en su interior dejaran de resonar, aunque nunca se podrá tapar el sufrimiento que hubo en este lugar donde reinó el vacío y la muerte.